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Escuchando a Anita en el teléfono

Escuchando a Anita en el teléfono
Escuchando a Anita en el teléfono

Aquella tarde prometía ser aburrida en la oficina, hasta que sonó el teléfono de mi escritorio. Era mi dulce mujercita, que con su suave voz sensual me susurró apenas:

“Ya estoy en casa; más tarde va a pasar un rato Fernando… No te m*****a, amor?”.

Fernando es un ex compañero de trabajo de Anita, un tipo muy canchero y sobrador; un verdadero energúmeno, con quien mi dulce esposa había tenido algo alguna vez.
Yo sabía que a ella le excitaba mucho coger con este tipo y ella sabía que a mí me excitaba saber que lo hacía a mis espaldas. Lo único que le había pedido a Ana era no tener el privilegio de conocerlo nunca…

Saber que mi mujercita iba a pasar la tarde cogiendo con otro hombre me hizo acelerar el pulso cardíaco, me excité tanto que se me notaba la tremenda erección que estaba teniendo. Tratando de mantener mi voz firme, le respondí a Anita:
“Está todo bien, mi amor, pero esta vez quiero escucharte gozar”.
Su voz se notaba muy excitada cuando me dijo:
“Como quieras; te voy a llamar para que me escuches gemir mientras me coge”.

De ahí en más ya no pude concentrarme en mi trabajo. Pasaron casi dos horas y finalmente sonó mi teléfono celular. Era Anita, con la voz arrebatada por la pasión.
Me levanté de mi escritorio y me encerré en el baño mientras trataba de escuchar e imaginarme lo que sucedía al otro lado del auricular…

Tardé unos segundos en comprender lo que estaba escuchando. Anita estaba gimiendo cada vez más fuerte, pero seguramente Fernando todavía le estaría lamiendo su dulce conchita, porque sus jadeos y suspiros eran demasiado suaves.

Unos instantes después supe que la había penetrado, porque los gemidos de Ana se intensificaron y además se oían con claridad algunos chirridos de nuestra cama. Ahora Ana ya comenzaba a gritar y gemir como una verdadera puta, pidiéndole al tipo que la cogiera más fuerte y más rápido, que no la dejara así tan caliente…
Cada gemido de ella “Ahhh”, cada “Dame más”, cada “Cogeme más fuerte” era como un martillazo en mi cabeza. Mi erección ya estaba al máximo y casi sin darme cuenta estaba encerrado en el baño con el celular pegado a mi oreja y masturbándome muy lentamente para no acabar demasiado rápido, mientras escuchaba gozar a mi mujer.

De repente los gemidos de Ana dejaron de oírse, pero enseguida un fuerte alarido de dolor me hizo imaginar que ese turro se la estaba metiendo ahora por el culo. Y era así seguramente, ya que Ana se quejaba ahora entre gemidos, diciendo que su verga le dolía mucho y la estaba matando. Pero enseguida todo cambió, cuando escuche que gemía de placer y le pedía al tipo:

“Dale, cógeme así bien fuerte, llename la cola de leche, aaahhhh”.

Finalmente no pude contenerme más y acabé, derramando leche entre mis manos, mientras podía oir claramente a Fernando gruñir más fuerte y un suspiro final de placer, evidenciando que estaba llenándole el culo de semen a mi dulce esposa.

Después de unos segundos de silencio, Ana dijo con la voz entrecortada y jadeante:
“Me rompió el culo como nunca… te gustó, mi amor???”.
Y cortó la comunicación antes de que pudiera contestarle. Fue más excitante todavía.

Un trato después volvió a llamarme, para decirme solamente:

“Fer no quedó satisfecho… va a regresar mañana por la tarde otra vez…”

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