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Una mujer con una sorpresa interesante

Una mujer con una sorpresa interesante
Una mujer con una sorpresa interesante

Ese sábado por la noche Ana había salido con sus amigas para una despedida de solteras. Yo entonces tenía la noche libre para hacer lo que quisiera, sabiendo que mi adorada esposa iba a estar rodeada de strippers musculosos y transpirados… Hasta seguramente podría terminar ensartada en la verga de alguno de ellos…

En Buenos Aires la noche siempre es joven; un amigo me había comentado de su aventura con una chica de la calle y entonces pensé “ por qué no?”. Cogerme una puta era siempre una fantasía que no había cumplido…

Fui a recorrer en mi auto los bosques donde sabía que se reunían las nenas callejeras, tratando de encontrar una que me gustara y excitara.

De pronto encontré a una que caminaba de espaldas a mí, agitando unas nalgas redondas al vaivén de su paso; se movía muy sensualmente. Me acerqué a ella y se inclinó asomándose por la ventanilla. Sus sensuales labios esbozaron una increíble sonrisa cuando le pregunté si quería pasar un rato conmigo.
Le dije que iríamos a un hotel y ella acercó sus sensuales labios a mi oído:

“Soy una puta muy sumisa, quiero que hagas conmigo lo que se te antoje”

Su sedosa voz y sus palabras me excitaron al máximo; sentí que mi verga se enderezaba en mis pantalones y ella se dio cuenta de mi estado.

“Veo que te excito bastante, pero voy a decirte algo, bombón” Me dijo.

Acercando sus labios a mi oído, volvió a susurrar:

“No soy mujer, sino una travesti… te gustaría probar conmigo?”

Detuve la marcha y la miré fijamente; era tan femenina que jamás lo habría sospechado. Ella abrió los ojos en asombro, pensando que yo iba a rechazarla, pero entonces aproveché para comerle la boca en un beso profundo de lengua, mientras sentía que mi verga se endurecía todavía más y más…
Ella entonces abrió mi bragueta y sacó mi verga bien dura. Rompió el contacto con mis labios y se inclinó a comerse mi pija de manera frenética. Pensé que iba a acabar en su boca, pero de repente ella se detuvo y me dijo que esperaría a llegar al hotel para disfrutar de una buena cogida.

Entramos a la habitación y ella me arrancó los pantalones a tirones, para luego abalanzarse sobre mi verga dura y palpitante. Volvió a metérsela en la boca y a lamerla. Su lengua parecía una serpiente lamiéndome la cabeza; estuvo a punto de hacerme estallar, pero la detuve diciendo que quería antes probar otras cosas.

Ella entonces se puso en cuatro sobre la cama y se levantó la falda hasta la cintura, dejando ver una diminuta tanga negra que apenas cubría su entrada trasera y una enorme verga que cargaba.

Me advirtió que no se quitaría la tanga; yo debería correrla a un costado y penetrarla así como estaba.

En vez de eso, tomé su verga entre mis manos desde atrás y comencé a masajearla, sintiendo cómo crecía entre mis dedos, hasta ponerse totalmente dura y erguida. Giró su cabeza y me susurró sonriendo:

“Vas a hacerme acabar, pero yo quiero hacerte acabar a vos, bebé”

Sonreí y ella me alcanzó un pote de gel lubricante. Le corrí la tanga a un lado y metí mis dedos en su estrecho culo, lubricándolo para dejarlo listo para mi gruesa verga.
Cuando creí que estaba listo, me arrodillé entre sus muslos abiertos y le fui deslizando mi pija dentro de ese hermoso y firme culo.

Ella comenzó a gemir y eso aumentó mi excitación. Aceleré mi ritmo de bombeo y pronto sentí que un orgasmo intenso me golpeaba desde la nuca hasta la punta de mi pija. Le llené el culo de semen y me quedé dentro de ella, recuperando la respiración.

“Ay, bebé, que linda culeada me pegaste” Susurró ella sensualmente.

Me salí de su culo con mi verga todavía chorreando semen y vi que la suya estaba totalmente erecta, casi intentando perforar su tanga negra.
Le dije que quería chupársela y ella sonriendo se deslizó la tanga hasta los muslos y me la ofreció en todo su esplendor.
Abrí mi boca para recibirla entera, sintiéndola muy sabrosa.
Ella sonrió y comenzó a moverse hacia adelante y atrás, metiéndomela muy profundo en mi garganta.
Yo la aferré por sus nalgas y engullí por fin su verga entera.

Jamás me había comido una pija, pero la sensualidad de esa aparente mujer me había vuelto loco. Ella me avisó que estaba a punto de acabar, pero entonces la tomé con firmeza por las caderas y me aseguré que me llenara la boca con su semen. Sentí los chorros de leche en mi paladar.

Se inclinó a besarme y le pedí que otra vez se pusiera en cuatro, necesitaba sodomizarla una vez más…

Mientras sentía cómo mi verga se deslizaba hasta lo más profundo de sus entrañas, sonó mi teléfono celular.
Era Anita, naturalmente, que entre música de fondo y algunos gemidos entrecortados, me avisó que lo estaba pasando bien con sus amigas y que llegaría tarde a casa. Era lo que me había imaginado; algún stripper la tendría empalada a cuatro patas, mientras ella me hablaba jugando a ser la esposa fiel…

Pero eso ya no me importaba, el resto de la noche era para mí y para mi endurecida verga enterrada en el trasero de esa increíble travesti…

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