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La amiga de mi ex-mujer.

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La amiga de mi ex-mujer.
La amiga de mi ex-mujer.
Luego de la separación tuve una temporadita desmadrado en la que follé todo lo que se me puso a tiro: guapa, fea, alta, baja, flaca, gorda, joven, madura, rubia, morena. Incluso en algún caso con ánimo de revancha.
Como tantas veces había quedado con mi ex- en que le entregaría al niño en el centro comercial. A mi convenía pues aprovechaba para hacer la compra, ver algunas tiendas, ir al cine e incluso quedar con alguna amistad.
Al salir de coche nos encontramos con la “flaca ” una íntima amiga de mi ex-
Carlitos la reconoció y la saludó: -Hola, Elena.
–Hola Carlos, tu madre está en la tienda de María esperándote que ya ha terminado su turno.
-Chao papi. Y se fue corriendo por las escaleras mecánicas del centro comercial.
Saludé a Elena con los dos tradicionales besos en la mejilla, y aproveché para darle un apretón con la mano derecha en la nalga. Al tiempo de decirle al oído: -Siempre has tenido un culito precioso.
-Nunca te has atrevido a decirme nada.
-Voy a ver si ha llegado el niño y si sigues aquí dentro de 5 minutos ya verás todo lo que te digo.
Bajé en un par de minutos y si, estaba allí esperándome.
-Ves, estoy esperando a ver que me vas a contar.
Me acerqué a Elena y le di un beso en la boca, al tiempo que la rodeaba con mis brazos, y estrujaba sus nalgas con mis manos. Su lengua respondió juguetona a mi beso.
Me separé de ella y cogiéndola de la mano, la conduje hasta uno de los aseos de minusválidos que hay entre los aseos de hombres y mujeres. Por suerte no encontramos a nadie en nuestro camino.
Allí volví a besarla, y acariciar sus nalgas ahora ya metiendo las manos dentro de su ajustado pantalón. Notaba el dulce tacto de sus glúteos, llevaba un tanga de esos finos, de hilo dental.
Ella estaba colgada de mi cuello, besándome con pasión.
Tiré de su pantalón hacia abajo, y ahora con la mano derecha comencé a acariciar su ingle y con la izquierda seguí acariciando sus cachas.
Su coño estaba empapadito, y yo supersalido, de tantos días de abstinencia sexual.
Así que me separé de la flaca, baje la barra de sujeción del aseo y le dije que se apoyase que íbamos a follar ya mismo. Se apoyó con ambas manos y puso su culito en pompa, pues había entendido que quería cogerla allí mismo de pie.
Me puse detrás de ella, sujetándola por las caderas y palpando su trasera con mi polla que notaba lo mojadita que estaba Elena. Un pequeño movimiento de caderas suyo y mi pene se coló en esa cueva húmeda y cálida. Y comencé a bombear su coño con mi polla, ayudándome de las manos que sujetaban su cadera.
La muy guarra estaba disfrutando del momento pidiendo: -más, mas fuerte, más rápido, sigue, sigue…
-no te pares, que rico sabe cabrónazo. Métemela más, sigueeeeee,
Después de unos minutos de estar perforando su coñito, noté que me iba a correr y aceleré mis movimientos dentro de ella.
-No te corras dentro, por favoorr.
Casi sin darme tiempo, saque el pene de su caliente coño y me corrí sobre sus nalgas, el chorro llegó a su espalda, manchando toda la camiseta que llevaba puesta.
-Cabrón y ahora como salgo yo fuera, con la camiseta llena de tu lefa.
-¿te compro arriba una camiseta o te llevo a tu casa? Pero chúpamela un poco.
-No tráeme una camiseta y ya veremos. Espero aquí.
No le hice caso y el puse la polla delante de la boca, así que ella se puso a lamérmela lentamente, succionando los restos de mi semen y de sus jugos. Sujetándola con la mano, la descapulló por completo y se puso a acariciar el glande con la lengua, con suaves y húmedas caricias de la misma, envolviéndolo con los labios, aprisionándolo, con un pequeño mordiscos, para volver a recorrerlo con la lengua. Ante tanto estímulo volví a excitarme de nuevo y me pene comenzó a crecer entre sus labios.
Era una experta en el arte de las mamadas y yo que siempre la había considerado una mojigata, de colegio de monjas. Su ex-marido siempre había comentado que era una sosa que no pasaba del polvo clásico, el misionero
Retirándolo de la boca, dijo:-Vaya parece que voy a tener una segunda sesión.
-Sí, que la tendremos, pero aquí no, que pueden pillarnos, ponte mi sudadera y tápate si no quieres que te vean conmigo, ¿vamos a tu casa?.
Nos escabullimos entre los coches, casi como delincuentes y nos fuimos.
Al llegar a su casa me arrastró literalmente a su dormitorio y me hizo tumbarme en su cama, sin retirar la colcha ni nada.
En un instante se desvistió y quedándose tan solo con el minúsculo tanga, sus pequeños senos estaban coronados por dos enormes pezones totalmente levantados.
-Túmbate que voy hacer mi sueño realidad, cabalgar un hombre en mi dormitorio. En segundos estábamos los dos desnudos, comenzó a acariciar mi polla flácida con la mano, y dar un suave masajito, luego acerco su boca para recorrer el glande con puntita de su lengua.
Ante ese gustito mi polla se puso dura de nuevo, ella se fue girando hasta dejar su coñito a la altura de mi boca.
Se trababa mi pene con gran facilidad, al tiempo que acariciaba mis testículos,
Si continuaba así no me importaría correrme en su boca.
Yo estaba disfrutando de su delicioso y chorreante coño, lamiendo sus labios, metiendo mi lengua en su dulce agujerito y para luego sorber su hinchado clítoris y lamer al tiempo que metía mi dedo índice en su húmeda rendija.
La cabrona cerro sus piernas casi ahogándome, pero lo peor fueron sus dedos apretujando mis huevos, provocándome a la vez una sensación de asfixia ,dolor y placer que casi hacen que me corra en su garganta.
Se incorporó y se subió encima de mí pene, metiéndoselo de golpe y se puso a brincar sobre mí y mi pene con furia salvaje, metiéndose y quitándose la polla del interior de ese complaciente coñito.
Intenté coger sus senos con mis manos, pero ella me detuvo entrelazando los dedos de sus manos con los de las mías y ayudarse a levantarse en sus envestidas, después de varios minutos con ese ejercicio cayó desmadejada sobre mí, abrazándome exhausta. No me había corrido así, que con ella encima mía, seguí moviendo mis nalgas para continuar con la follada hasta correrme yo también. Ésta vez me corrí dentro de Elena.
Nos quedamos quietos los dos un rato, mientras notaba como los fluidos se escurrían entre mis muslos, hasta llegar a la colcha de la cama…
Cuando la humedad se me hizo incomoda me levanté para ir al baño.
-¿Vas hacer un pis?
-Si.
Sinmás se levantó y me cogió la polla con la mano y tiró de mi hasta el baño, yo asombrado no me atreví a soltar palabra.
Ya en el baño, mi hizo ir hacia la bañera y metiéndose dentro me dijo.
-Me hace ilusión que me riegues con tu orina.
Yo esbocé una sonrisa, pero no acababa de salir de mi asombro, ¡cojones, con la modosita amiga de mi ex-pareja! Como no podía aguantar más las ganas sujeté mi pene con la mano derecha y solté mi chorrito de líquido calentito.
Ella se había puesto de rodillas y yo la salpicaba por las tetas, el pelo, la cara
Y ella gozaba y disfrutaba de lo lindo; al tiempo que se frotaba los senos con mi amarillento fluido.
Abrió su boca y comprendí que deseaba bebérselo y así finalicé con dificultad mi primera meada erótica. Pues al verla gozar como una perra se me puso tensa la polla de nuevo.
Me metí dentro de la bañera, abrazandonos y besándonos, sus besos sabian a orina a mi orina, pero aquello me excitaba más aún.
Su culo contra el borde de la bañera, su espalda apoyada en la pared y nuestros pies contra el borde inferior de la bañera para no resbalarnos y poder empujar yo mejor.
La cabrona berreaba como una gata en celo a cada empellón mío, y yo empujaba cada vez con más intensidad, con más fuerza y ella gemía, suspiraba pidiendo más y más esta vez la violenta penetración fue más larga y ella seguía exigiendo a gritos: -¡dame más!! –que me partes cabronazo- Pero no pares. Párteme.
Seguí con mi desaforado ímpetu hasta correrme y quedarme agotado, sin fuerzas. Mi picha aflojó de golpe y yo me dejé deslizar, abandonado por las fuerzas, en la bañera.
Tardamos un buen rato en recuperarnos, nos duchamos juntos nos enjabonamos, acariciamos nuestros cuerpos mientras un chorro de agua cálida caía sobre nuestros cuerpos.

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