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Tarde de trío

Tarde de trío
Tumbado en el suelo con la mente en blanco, miré el techo sin verlo, con la mirada perdida. Lo
único que me cubría, era un brazo sobre el pecho, y ni siquiera era mío. Tenía el miembro húmedo,
flácido, reposando sobre el muslo. La mano que me cubría bajó lentamente acercándose a mi verga,
que empezó a crecer de nuevo…

Crucé la calle con un nudo en el estómago. ¿Qué diantres hacía allí? ¿Que extraña locura me había
llevado a aceptar un trío? Bueno, eso lo sabía. Un poco de alcohol y el hecho de haber deseado
durante mucho tiempo a Mariona, la novia de mi mejor amigo. Encima eso, de mi mejor amigo.
Que si, diréis algunos, que con confianza es mejor. Claro, mejor si sale bien, pero… ¿y si no? ¿Qué
pasa si por lo que sea Mariona disfruta más conmigo que con Juan? ¿Y si rompen? ¿Cómo voy a
mirar a la cara a mi amigo, que fue quién me propuso de quedar? O puede que no se me suba, con
los nervios. Entonces, ¿cómo miro a ninguno de los dos? ¿Y si no se le sube a él? Joder, qué
marrón…

Demasiadas dudas, demasiadas cosas que podían salir mal. Aún así, llegué al otro lado de la calle.
Como un autómata me acerqué al portal y llamé al timbre. Ni siquiera preguntaron quién era,
abrieron la puerta directamente. “Vete ahora, huye ahora que estás a tiempo, ya les dirás que no te
encontrabas bien, que no llegaste a salir de casa”. Pero aún así, subí al ascensor. “No lo pulses!” me
dije mientras aplastaba el pulgar contra el botón y se cerraban las puertas. La subida se me hizo
eterna. Tenía sensación de vacío en las entrañas.
“Ding!”

Se abrieron las puertas, cogí aire y salí al rellano. La puerta de mi izquierda estaba ligeramente
abierta, como incitándome a entrar. Me dirigí a ella…tres pasos…dos pasos…pie sobre el felpudo…ya
no hay marcha atrás. En el momento en que crucé el marco de la puerta, se me pasaron todos los
nervios, los malos pensamientos… que extraño. Será que he entrado en esta casa tantas veces que la
siento como propia, me siento seguro allí dentro. Cerré la puerta con un golpe seco, y mientras me
dirigía al salón oí la voz de mi amigo, que salía de detrás del sofá.

-Hola capullo! Que tal estás? -dijo mientras giraba la cabeza por encima de los cojines y me miraba
con aquella sonrisa que solo ponía cuando iba a hacer alguna travesura -robar exámenes, hacer
pellas, colarse donde no debía…-.
-Jaja, bien, y tu? -le respondí con más aplomo del que creí que tendría. “Hace un momento parecía
que me iba a cagar encima, y ahora estoy más fresco que una rosa. Curioso”.
– Pues aquí, haciendo un fifa mientras Ona termina de arreglarse.
– Anda, échate a un lado y pásame el mando, lerdo, que vas perdiendo contra la máquina.
Justo cuando empecé a mover el joystick, la voz de la novia de mi amigo sonó a mis espaldas.
-Hola Jordi, que tal?
-Bien, y…. -Ostias, que se estaba arreglando dice. Mariona estaba detrás de mi, con unas mallas de
hacer deporte cortas, de ésas que van ajustadas al culo y no dejan nada a la imaginación. Y en la
parte superior del cuerpo, una camiseta de fútbol que le iba por lo menos tres o cuatro tallas
grandes. Y yo con la boca abierta y mirándole los muslos, muy bien, un aplauso por favor.
– …y tu?
-Jajajaja veo que te gusta mi nuevo modelito -dijo con una media sonrisita de aspecto inocente sin
contestarme.
– Mira si le gusta que el muy tonto l’haba se ha marcado en propia -dijo Juan con tono de burla.
– Vaya, qué pena -dijo ella.
“Si, seguro que lo sientes en el alma” pensé mientras sonreía, me levantaba y le daba un par de
besos. En mi entrepierna, algo empezó a inquietarse.
“Creo que no lleva sujetador”
-Nada, vosotros seguid, no quisiera distraeros -nos dijo.
Mi amigo cogió otro mando de la play y nos pusimos a jugar mientras Mariona saltó por encima del
sofá y se puso entre los dos a mirar “el partido”. Entre su presencia, y que mi mente no paraba de
preguntarse si habría soñado la propuesta de trío, no acertaba demasiado al balón.
“Es la primera vez que la veo tan provocativa, me da que lo del trío no lo soñé… no?”
“Pero entonces qué coño hacéis jugando a la consola?”
Eso de discutirse con uno mismo es fantástico. Tu mente te hace el doble de preguntas sabiendo que
no vas a poder contestar ninguna.
-Vaya, pobre Jordi… -dijo Mariona divertida. -Voy a echarte una mano -decidió mirándome y
guiándome un ojo.
Mientras jugábamos, su mano se deslizó al pantalón de su novio, a quién se le cortó la respiración
momentáneamente.
“Vale, aquí habrá lío”
Aunque la distracción debería haber jugado a mi favor, lo cierto es que estaba más atento a la
respiración de mi amigo y el roce de la mano de su novia que a la consola. Pero a pesar de ello,
empecé a ganar.
-Vaya… quizás me he pasado… -dijo con tono de falsa preocupación. -Voy a tener que equilibrarlo
un poco…
Y ni corta ni perezosa, su otra mano se puso en mi muslo. Lo que me faltaba, la neurona no pudo
más y cortocircuitó. Mis dedos se movían de forma automática, igual que los de mi amigo, mientras
nuestros pensamientos se centraban en las manos de su novia, que iban dando círculos en nuestros
muslos, cada vez más cerca de la entrepierna. La polla se me hinchó un poco, pero no llegó aún a
ponerse dura.
-Bueno chicos, qué tal si dejáis los mandos y jugueteáis conmigo? -Nos dijo a los dos minutos.
Como no sabía exactamente cómo reaccionar ante esta nueva situación, dejé que mi amigo tomase
la iniciativa. Al fin y al cabo, era su novia.
Sin perder un instante, se inclinó hacia ella, pasándole el brazo por la espalda la atrajo hacia su
cuerpo para besarla con pasión. Ella abrió la boca y empezaron a besarse como si no hubiera un
mañana, pero su mano seguía en mi bragueta. Sin embargo, subió palpando, me agarró del brazo sin
mirarme y me atrajo hasta ella. Se separó de Juan, y con los labios mojados y rojos se acercó a mi
cara y empezó a besarme de una forma bestial. Su lengua se metió sin ningún pudor entre mis
labios, y la dejé pasar mientras la mía hacía lo mismo. Jugueteamos con nuestras lenguas y
exploramos la boca del otro, pero terminó tan rápido como había empezado. Para ir a besar a su
novio. Esta vez, le puse las manos en la cadera y las fui subiendo por sus costados mientras estaba
de espaldas a mi. Pude comprobar de primera mano (nunca mejor dicho) como, efectivamente, no
llevaba sujetador. Las yemas de mis dedos rozaron sus firmes pechos, y volvieron a bajar a su
cintura, descubriendo cada centímetro de su torso mientras mis labios le besaban el cuello, justo
debajo de la oreja.
-Ahhhh… – después de aquél pequeño suspiro de placer, se dio la vuelta y me besó por segunda vez.
Ahora sus manos se dirigieron a mi bragueta y toqueteó todo lo que quiso, hasta bajar la cremallera
y desabrochar el pantalón. Desde detrás, su novio le subió la camiseta para masajearle aquellas dos
tetas en las que había pensado más de una vez al pajearme. Su boca se separó de la mía y sus manos
dejaron de sobar mi paquete para ir a coger la camiseta y quitársela, dejando a la vista su hermoso
cuerpo.
-Por qué no os quitáis alguna prenda? -nos dijo con la voz cargada de excitación.
Llevado por la calentura, me desabroché la camisa y me quité la camiseta en un tiempo récord.
Moviendo las piernas me quité los zapatos y los pantalones, y mi amigo hizo lo mismo.
-Caray que rápidos chicos… -nos dijo justo antes de morderse el labio. -Espero que después tardéis
un poco más…jijiji.
Se acercó a mi y me empujó hasta tumbarme en el sofá, para poder tumbarse sobre mi. Ahora si, la
punta de mi miembro se salía de los calzoncillos y se apretaba contra el abdomen de Mariona, dura
y lista para entrar en acción. Nos besábamos con fuerza y pasión, mientras nuestras manos jugueteaban con el cuerpo del otro. Sentí que su cadera se elevaba, y un nuevo par de manos me
rozaron los muslos. Miré de reojo y vi como su novio le había quitado las mallas, dejándola
totalmente en cueros. Igual que él, vamos. El único que aún estaba vestido (aunque solo fuesen los
gayumbos) era yo.
Aprovechando que tenía el culo de su novia en pompa justo delante, Juan se lo empezó a acariciar,
pasándole el dedo índice desde el húmedo agujero de la vagina hasta el inicio de la espalda. Cada
vez que llegaba a la vagina, ella soltaba un respingo. Cuando mis ganas de metérsela eran ya
insoportables, su boca fue bajando por mi cuerpo, besando mi torso, el abdomen, el pubis, su nariz y
su aliento rozaron mi capullo, y con cuidado agarró el borde de los calzoncillos con los dientes y
empezó a tirar de ellos. Moví el culo y subí las piernas, totalmente desinhibido y sin reparos a
mostrarme en pelotas ante la pareja. Entonces, ella se tumbó encima de su novio, igual que había
hecho conmigo momentos antes. ¡Que vista quedó ante mi! Su espectacular culo y su vulva
quedaron en pompa, totalmente expuestos ante mi mirada. Acaricié las nalgas, duras y redondas y
las besé cuanto quise, incluso las mordisqueé suavemente, provocando pequeños sobresaltos en
Mariona. Poco a poco bajé mi mano siguiendo el valle que formaban sus glúteos hasta llegar a la
entrada de su vagina, totalmente mojada y caliente. Sin ser brusco pero con firmeza, le metí un dedo
en su interior. Éste se deslizó sin resistencia alguna, y al sacarlo vi que brillaba. Mariona me miró,
agarró la polla de su novio y mientras le hacía una paja se incorporó para besarme y poder pajearme
a mi también. Sentada en las piernas de su novio me besaba y nos pajeaba. Mientras yo jugueteaba
con su culo y su vulva, Juan le masajeaba las tetas. De vez en cuando, mis nudillos tocaban el
miembro de mi amigo, pero al contrario de lo que pensaba antes, no me importó. Comprendí al
instante que en un trío, iba a haber roces a todos lados, era algo inevitable. Estuvimos un rato en
esta postura, pero no sabría decir si fueron minutos, segundos, media hora, tres horas… Sólo se oían
nuestros gemidos y jadeos, y el sonido de los labios al separarse.
-Hmm ya no puedo más, quiero follarte, amor -dijo mi amigo a Mariona
-Sí, sí, venid -dijo ella, poseída por el placer. -Ven, túmbate aquí.
Me tumbó de lado en el sofá, quedando mi polla al aire mientras Juan se sentaba en el suelo con la
verga tiesa y Mariona se sentaba sobre él. Una vez encajados y empezado el mete-saca, mi miembro
quedaba al lado de la cabeza de mi amigo, justo enfrente de la boca de su novia, quién no dudó ni
un instante en llevárselo a la boca.
No teníamos que hacer nada, ella lo estaba haciendo todo. Cabalgar la polla de su novio mientras él
inclinaba la cabeza para mordisquearle los pezones y le manoseaba el culo, y comerse mi miembro,
pasando los labios alrededor de mi glande, la punta de la lengua por el frenillo, acariciar los huevos
mientras succionaba con fuerza… cada pocos segundos variaba sus movimientos, de forma que cada
vez el placer que recibía era distinto.
-Ven, ahora tu -soltó entre jadeos. Estaba tan atolondrado por la mamada que me había estado
haciendo Mariona que no entendí qué quería. Se levantó para sacarse el pollón de su novio de su
interior, y se tumbó de espaldas a la alfombra.
-Fóllame Jordi, se que te mueres de ganas de poder follarme, seguro que más de una paja te la has
hecho pensando en mí.
Apenas pude articular alguna respuesta, simplemente me abalancé sobre ella, con una mano en la
polla para apuntar y poder metérsela. Después de la follada con su novio, entró sin ningún
impedimento, y en cuanto cogí un poco de ritmo, sus piernas me rodearon las caderas para poder
marcar el ritmo de las embestidas. Juan le agarró y pellizcó los pezones, y le puso sus genitales en
la cara. Ella le chupó y lamió todo lo que pudo, acompasada a los movimientos de la follada.
Estuvimos un buen rato así, hasta que vi que si seguía me iba a correr.
-Humm..espera.. cambiemos o voy a terminar en breves…
Saqué mi miembro de su interior, me tumbé y agarrándola del brazo la llevé a sentarse sobre mi
cara.
-Aahh si, si, ahh que rico….-consiguió decir mientras gemía y mi lengua recorría sus labios
menores, se introducía fugazmente en su interior y rozaba con la punta en su clítoris. Mi amigo se
puso de pie, y ella le agarró de las nalgas para poder seguir con la felación, haciéndole que le follase
la boca. Estando en esta posición, pude saborear los jugos de Mariona, que me mojaban la cara. Los
dedos jugueteaban, a ratos con su vagina, a ratos con su ano, dilatándolo poco a poco. Si íbamos a
hacer un trío, tendría que haber doble penetración, no? Cada vez que un dedo intentaba introducirse
un poquito en su ano, este se contraía y lo apretaba, empujándolo hacia fuera. Viendo que aquello
iba para largo, decidí centrarme en su vagina. “A lo mejor es virgen por detrás…” Introduje tres
dedos en su vagina, y con la otra mano le acaricié el clítoris, dando círculos a su alrededor, y
jugueteando sin parar con la lengua, lamiendo allí dónde no ponía los dedos. Cada vez gimiendo
más, se olvidó de la polla de su novio y cerró los ojos jadeando.
-Ahh…aaah…ahh si, si no pares no pares…uhmmm si por favor…. -sus uñas se clavaban con fuerza a
mis hombros, y Juan se arrodilló delante suyo, poniendo su enorme polla justo encima de en mi
cabeza, para poder chupar los erectos pezones de su novia. Y aquello fue la gota que colmó el vaso,
Mariona se revolvió como una serpiente poseída, entre gemidos y gritos sofocados de placer.
La dejamos disfrutar y recuperar la compostura caballerosamente (Juan saco su polla de mi frente,
cosa que agradecí).
Cuando Mariona recuperó el aliento nos miró con deseo, su mirada desprendía lujuria pura.
-Quiero que me folléis los dos, que me penetréis y os corráis dentro de mi los dos, quiero sentir
vuestras corridas en mi vagina -nos soltó sin más. Y quién somos nosotros para denegarle nada a
una damisela?
Juan se tumbó en el suelo, con la polla tiesa apuntando al techo, y su novia sin dudarlo ni un
instante se sentó a horcajadas sobre él. La verga le entró entera de un solo empujón, y entonces me
miró, agarró mi miembro y lo dirigió a su vagina. Se tumbó sobre su novio dejando el culo en
pompa. Puse el glande en la entrada rellena de polla de su vagina y empujé despacio.
-Aaaahh! Aaaah!!
-Paro?
-No, ni se te ocurra, sigue sigue…
Seguí empujando, mi polla quedaba estrujada entre sus paredes vaginales y la polla de mi amigo.
Tuve que retroceder unas cuantas veces, y empujar suavemente pero con firmeza para conseguir
acomodar mi polla en su apretada cueva. En las últimas embestidas, ella inició un lento sube y baja
sobre su novio, recorriendo poca distancia para evitar que a cualquiera de los dos se nos saliese la
verga de su interior. La estrechez de su vagina, la novedad de la situación y los nuevos puntos de
roce con mi amigo me estaban llevando al orgasmo a una velocidad espectacular. Deseaba con toda
mi alma poder correrme, eyacular y estallar de placer. Pero por otro lado, quería alargar aquél
momento tanto rato como fuese posible.
-Ahh, ahh, no voy a poder, me voy a correr, me corro me corrooooooo!!! -Gritó Mariona mientras
un sinfín de contracciones apretaban nuestras pollas. Aquello fue demasiado para los dos, y entre
gritos y gruñidos de placer nos corrimos a la vez.
Sentí como la polla de mi amigo se hinchaba acompañando sus gruñidos, y lo mismo hacía la mía,
con cada eyaculación mi polla se expandía ligeramente y yo no podía evitar gemir con fuerza.
Noté como una mezcla de jugos resbalaba por los lados de mi miembro y mis muslos, y supuse que
el semen de los dos, y los jugos de la chica habrían sido demasiado para el poco espacio que
habíamos dejado en su vagina. La mezcla caía a la polla de su novio y le resbalaba por los huevos,
deslizándose lentamente, espesa y caliente hacia el suelo. Con la mente en blanco me dejé caer
sobre Mariona, que a su vez se apoyaba en Juan.
-Hmmfff que me aplastáis -se quejó mi amigo. Cuando conseguí conectar la neurona, me deslicé
hacia un lado. Mi polla, encogiéndose por segundos, salió de la vagina de Mariona seguida de un
chorretón de jugos que se deslizaron por la verga de Juan y dejaron una mancha en la alfombra.

Tumbado en el suelo con la mente en blanco, miré el techo sin verlo, con la mirada perdida. Lo
único que me cubría, era un brazo sobre el pecho, y ni siquiera era mío. Tenía el miembro húmedo,
flácido, reposando sobre el muslo. La mano que me cubría bajó lentamente acercándose a mi verga,
que empezó a crecer de nuevo…

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